Cusco es solo el comienzo

Chile supera al Perú en turismo receptivo, pero podemos aprovechar más nuestros recursos.

 

En las últimas dos décadas, el clima de turismo en el país ha cambiado. La información del Banco de Datos Turísticos del Perú señala que en 1992 ingresaron al país 216 534 turistas extranjeros. Esa cifra alcanzó los 3.6 millones al cierre del 2016.

Una cantidad que, comparada con Chile, que superó los 5.6 millones en el mismo periodo, resulta menor. Pero ¿cuál es la causa? El Perú, siendo un país con gran cantidad de recursos históricos (como Machu Picchu, Kuélap o Chan Chan) y naturales (como el Amazonas, el Cañón del Colca o los Manglares de Tumbes), no logra superar a su vecino del sur.

De acuerdo a Enrique Quiñones, presidente de Asociación Peruana de Operadores de Turismo Receptivo e Interno (Apotur), para comparar las cifras con Chile es necesario segmentar los puntos de ingreso y las nacionalidades de los visitantes.

Señala que, de los más de 5 millones de visitantes que ingresaron a Chile, casi tres millones fueron argentinos, motivados por los pasos de frontera y el turismo de compras. Para Quiñones, en cierta medida, es una debilidad, pues si Argentina tiene problemas económicos, Chile perdería a su principal visitante.

 

 

Construyendo destinos

De acuerdo a Quiñones, Chile ha hecho un trabajo de construcción de destinos, algo que aquí no ha sucedido. En Perú, según él, las Áreas Nacionales Protegidas no se han puesto en la escena comercial, como Machu Picchu. Además, el Plan Estratégico de Turismo está pendiente de ejecución. Asegura que el turismo, visto desde el Ministerio de Economía y Finanzas, no es una actividad principal, sino complementaria. Esto a pesar de que el turismo es una actividad que genera US$ 4 200 millones en divisas.

Publio Santander, gerente general de Perú A Travel, señala que en Chile el Estado y el sector privado actúan con visión empresarial, viviendo el presente y planificando el futuro, a diferencia de Perú, donde ambos no se complementan. “No hay planes futuros y no se busca la sostenibilidad de la oferta porque tenemos Machu Picchu”, sostiene. Para Santander, Chile ofrece a su visitante seguridad, vías de acceso y comodidad en las rutas, algo que Perú aún no puede ofrecer del todo.

Señala que la informalidad ofrece un producto inseguro y, como el Estado no se involucra, las empresas formales tienen dificultades para crecer. Como se sabe, la informalidad no solo afecta a las empresas legales, sino también al fisco, pues evade impuestos y deteriora la calidad de los servicios prestados. “Así perpetúan un modelo que, a todas luces, no es el adecuado para impulsar el crecimiento de este sector. Si siguiéramos el modelo chileno, probablemente lo superaríamos con creces”.

De acuerdo a Santander, lo más importante es que el Estado impulse una inversión nacional y establezca un ordenamiento territorial para poder consolidar los proyectos a futuro. Como asegura, en el Perú hace falta conciencia de algunos profesionales del sector para abrir puertas en un trabajo compartido.

 

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