Economía rumbo al bicentenario

La promoción económica desde la perspectiva de Embajadora Silvia Alfaro Espinosa.

 

 

La principal fuente de ingresos del Perú son los recursos naturales. Durante el 2016 el valor de las exportaciones FOB fue de US$ 36.5 mil millones (70% correspondió a exportaciones tradicionales y 30% exportaciones a no tradicionales). Sin embargo, para no depender de los precios favorables y temporales de los commodities, resulta clave mejorar la productividad y competitividad de todos los sectores.

La Embajadora Silvia Alfaro Espinosa, Directora General de Promoción Económica del Ministerio de Relaciones Exteriores, analiza la situación del país desde la perspectiva económica y traza una ruta rumbo al bicentenario. En esa línea, propone que el Estado y el sector empresarial trabajen juntos para salir de una relativa “zona de confort” y abrir nuevos mercados.

 

El reto del Perú es ir más allá de ciclos de precios favorables para sus commodities. ¿Cuál es el rol del Estado en ese sentido?

No podemos negar que la minería o la pesca tradicional seguirán siendo los motores de desarrollo, pero debemos promover el crecimiento de actividades que requieren un trabajo activo por parte del Estado, a quien le corresponde generar un entorno confiable para los agentes económicos y para el desarrollo empresarial. Esa labor implica garantizar un clima de estabilidad política, económica y social. Su segunda gran labor es la apertura de mercados, con promoción y difusión de la oferta exportable.

 

En esta etapa las misiones diplomáticas, consulados y las oficinas comerciales del exterior cumplen un rol fundamental…

Fundamental y activa. Los resultados de esta labor son los acuerdos comerciales que nos ha permitido incrementar de manera sustancial nuestras exportaciones, las cuales han dinamizado la economía, generando mayores oportunidades de empleo y bienestar social para nuestra población.

 

¿Una forma de evaluar nuestra competitividad es saber cuánto han crecido las exportaciones no tradicionales?

Las exportaciones se han quintuplicado en la primera década de este siglo, pasando de US$ 6.8 a US$ 35.8 mil millones. La cifra ha ido creciendo, sobre todo la de las exportaciones de productos no tradicionales. En el sector agroindustrial, motor de crecimiento de estas exportaciones, han crecido las ventas de espárrago, uva, mango y palta. Asimismo, las exportaciones de metales no tradicionales como alambres, barras y perfiles de cobre refinado, cinc sin alear, plata en bruto aleada, entre otros.

 

¿Y en cuanto a otros sectores?

El actual gobierno está impulsando la internacionalización de los agro-negocios, de la industria textil y de la decoración. Asimismo, de productos pesqueros, manufacturas y del turismo. A pesar de los avances, somos conscientes que aún queda un gran camino por recorrer. Debemos avanzar logrando consolidar la sinergia entre el Estado y el empresariado, generando condiciones favorables para la competitividad de los agentes económicos. La academia debe promover la innovación y el sector privado el liderazgo dentro del mercado.

 

El foro APEC, por ejemplo, concentra grandes economías para las relaciones comerciales. ¿Con cuáles nos ha ido mejor?

El APEC nos ha permitido generar estrechas relaciones comerciales con China (24%), Estados Unidos (17%), Canadá (5%) y Corea (4%), que juntas concentran el 50% de nuestras exportaciones.

 

¿Con qué economías del APEC aún no logramos grandes relaciones comerciales?

Podemos citar a Malasia, Hong Kong, Singapur, Indonesia, Vietnam, Australia y Nueva Zelanda. Todas estas economías presentan un alto nivel de apertura comercial y liberalización económica. Son potenciales hubs para nuestras exportaciones. Singapur, por ejemplo, presenta una producción intensiva en bienes de alta tecnología, además de muchos servicios de infraestructura, lo cual ayudaría a reducir los déficits que tiene el Perú en ambos aspectos.

 

¿Son posibles las relaciones comerciales con Medio oriente, África o Centroamérica?

Claro que sí. Son mercados con gran demanda por productos de calidad y alto valor agregado. Como Estado debemos animar al sector privado a salir de su zona de confort y explorar estos nuevos mercados que por su lejanía, diferencia cultural o por desconocimiento, no han sido aun adecuadamente aprovechados.

 

¿Cuál es nuestra estrategia central para la apertura comercial?

Somos considerados como una plaza atractiva para los inversionistas debido a nuestros abundantes recursos naturales, ubicación geográfica y a un régimen legal abierto respecto a la inversión extranjera. El sello distintivo que identifica al Perú es nuestra estabilidad política, jurídica y nuestro crecimiento sostenido durante las últimas décadas, gracias a la aplicación de políticas responsables y estables.

 

Pero hay retos grandes aún, como mejorar la productividad y competitividad…

Solo podremos mejorar en estos aspectos mediante la utilización de la ciencia y la tecnología. Una buena oferta exportable, con altos estándares de calidad y en volúmenes adecuados, nos permitirá aprovechar en mayor proporción el ingreso de nuestros productos a los países con los que hemos celebrado TLCs.

 

La competencia es ardua…

Debo admitir que queda un largo camino por recorrer. La velocidad a la que avanza la tecnología y el incremento en la agresividad por parte de nuestros mercados competidores nos obliga no sólo a desarrollar iniciativas creativas y efectivas, para lo cual es indispensable no sólo una buena articulación con otras entidades de la administración pública, sino también con el sector privado y la academia; generando un triángulo virtuoso para el impulso de la innovación y del desarrollo nacional.

 

¿Cuál es nuestra hoja de ruta hacia el bicentenario?

Un primer aspecto clave es la reducción de la brecha de infraestructura que permitirá reducir los costos logísticos. Un segundo aspecto es el impulso a la innovación y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. En la medida en que orientemos nuestros esfuerzos a desarrollar productos con mayor valor agregado estaremos contribuyendo a la generación de más puestos de trabajo y, por tanto, al desarrollo y bienestar de nuestra población.

 

¿Y en cuanto a la lucha contra la corrupción?

Hay que avanzar no solo en la lucha contra la corrupción, sino también contra la informalidad, los cuales perjudican la recaudación de recursos para el buen funcionamiento de los servicios públicos. También debilitan el ambiente de negocios y propician servicios y obras públicas ineficientes. Como administración pública apuntamos a generar mayor desarrollo y oportunidades para el ciudadano, quien finalmente calificará la labor que estamos realizando. Particularmente, considero que estamos en buen camino.

 

GUÍA TURÍSTICA 24

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